Novedades — 29 septiembre 2014

Si usted es un humilde trabajador que tiene una vivienda o, en el mejor de los casos, una segunda casa de vacaciones, es
muy probable que el valor catastral que le asigna Hacienda a sus propiedades sea el correcto. En los últimos años, en
especial a partir de 2012, se ha generalizado la sensación entre los expertos de que las últimas revisiones catastrales no
han tenido en cuenta en muchos casos la fuerte rebaja de precios que han sufrido los pisos tras el estallido de la burbuja
inmobiliaria. Ahora bien, si se trata de una empresa o usted cuenta con un elevado patrimonio, compuesto por además de
viviendas, solares, naves industriales o los llamados inmuebles singulares (refinerías, concesionarios, o edificios en los que
conviven distintos usos como el comercial o el de oficinas, por ejemplo) es conveniente que contraste con Hacienda qué
información tiene el Catastro de todos esos inmuebles. Así lo pusieron de manifiesto ayer los participantes en la jornada
Fiscalidad y Valoración: ¿Es posible ahorrar en el pago de impuestos sobre bienes inmuebles? organizada por el bufete
Garrigues y la tasadora Tinsa, que recordaron que una incorrecta información catastral puede elevar el valor de los
inmuebles y con ello la factura de todos los impuestos que están referenciados a esta variable y que mayoritariamente fijan
y cobran los ayuntamientos. El más importante es el impuesto sobre bienes inmuebles (IBI), pero también se toma como
referencia en el impuesto de actividades económicas (IAE), en patrimonio y en sucesiones y donaciones, estos últimos de
competencia autonómica. De hecho, los expertos en fiscalidad recuerdan que en un entorno donde se producen ventas de
inmuebles a pérdida y las empresas están encargando multitud de valoraciones de su patrimonio es crucial que la
información con la que se determina el valor catastral se ajuste a la realidad. En este sentido, el director del Área Tributaria
y de Suelos de Tinsa, Andrés Lorente, puso varios ejemplos de operaciones en las que los titulares lograron pingües
ahorros en su factura fiscal después de comprobar cómo algunos aspectos de sus inmuebles habían sido valorados de
manera errónea.
La revisión de las ponencias de valores catastrales se realiza cada 10 años, aunque existen en España multitud de
ayuntamientos que no habían realizado la suya incluso desde hace más tiempo. Esto hacía que si lo normal es que el valor
catastral se situara en torno a la mitad del de mercado, los valores catastrales muy antiguos no recogieran ni el boom de
los primeros años 2000, ni el estallido de la burbuja. Quiere decir que muchos ciudadanos durante la etapa de bonanza
económica pagaron seguramente menos impuestos de lo que les hubiera correspondido si su ayuntamiento hubiese
solicitado la revisión catastral cuando tocaba, pero ahora muchos lamentan estar pagando de más, ya que denuncian que
la última revisión catastral no refleja la depreciación registrada por culpa de la crisis. Con la necesidad urgente de más
ingresos que tienen los municipios, muchos han optado por la fórmula rápida que ofrece el Catastro para poner al día sus
ponencias de valores catastrales: los coeficientes automáticos, que pueden ser superiores o inferiores a cero. Siempre que
la última revisión date de más de cinco años y si el Catastro lo autoriza, algunos ayuntamientos están cambiando sus
valores. Dependiendo del año de su última revisión, así será el efecto. Si el último dato es reciente, podrá recoger la rebaja
de precios a partir de 2008, pero si no habían revisado desde 2000, es muy probable que el resultado final sea al alza
porque habrá que reflejar todo el boom. Y esto último es lo que buscan muchos consistorios.
(Cinco Días. Página 28. Media página)

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