El sector financiero da carpetazo a cinco años de reestructuración en España. La banca culmina una etapa que se inició en
2009 con la intervención de CCM, y que ha supuesto una transformación sin precedentes del sistema que ha reducido el
número de entidades de 50 a apenas una docena. A la cabeza del nuevo mapa de la banca en España se sitúan
Santander, BBVA y CaixaBank, que han aprovechado la crisis para crecer. La entidad cántabra se ha quedado al margen
de las fusiones, mientras que BBVA y CaixaBank han alternado el crecimiento orgánico con las compras. La reconversión
también ha afianzado el proyecto independiente de BFA‐Bankia, y ha permitido dar un salto en tamaño a Sabadell y
Popular vía adquisiciones. Además, las dos entidades han sentado las bases para su internacionalización a largo plazo. El
resto del sistema lo completan Bankinter (ha defendido a lo largo de la crisis que hay espacio para grupos de menor
tamaño) y las entidades surgidas de las fusiones entre cajas medianas. Éstas tienen el reto añadido de completar su
adaptación a la nueva Ley de Cajas y Fundaciones, y concretar sus proyectos de salida a Bolsa. En este horizonte a más
largo plazo es donde pueden surgir nuevas operaciones de consolidación (también a escala europea), pero ligadas ya a las
propias dinámicas del negocio y no a la necesidad de buscar una salida a bancos en crisis.
Desde 2008, la banca ha dotado 270.000 millones de euros y ha elevado su capital en 100.000 millones, en parte con la
aportación del Estado. También ha ganado en liquidez y eficiencia, con un ajuste de red del 27% y del 22% en empleo.
La mejora del gobierno corporativo y del marco jurídico de las cajas, el foco de la crisis, igualmente ha sido clave dentro de
los cambios que ha sufrido la arquitectura financiera en España en estos cinco años, un anticipo de lo que se avecina: la
reestructuración termina a escasas semanas del lanzamiento de la Unión Bancaria, con la asunción por parte del BCE de la
supervisión única y la publicación de los test de estrés.
Toda la reestructuración se ha dirigido hacia un objetivo último que aún se resiste: la canalización fluida de crédito a la
economía. Es esencial no sólo para consolidar la recuperación, sino también para incrementar la rentabilidad del sector.
Ésta es la nueva prioridad de las entidades y el ranking donde se va a librar la verdadera competencia. Para alzarse con su
liderazgo, los bancos tendrán que adaptar sus modelos de negocio al escenario surgido tras la crisis, un camino que
muchas entidades han iniciado ya.
El diario La Vanguardia también publica un reportaje ‐“La banca cierra el mapa del sector tras cinco años de
reestructuración”‐en el que comenta que la primera ronda de la consolidación bancaria toca a su fin. Explica que las
entidades en las que se había colgado el cartel de se vende ya están colocadas. Quedan por delante meses de ajustes de
personal y de cierre de oficinas para evitar duplicidades, así como la integración de sus plataformas tecnológicas. Pero las
fichas ya están colocadas.
(Expansión. Página 13. 4 columnas)




